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Recuerdo que antes de ser un profesional del control de plagas, en mi casa se realizaban tratamientos anuales o semestrales para prevenir las plagas. Se usaban productos muy olorosos que propiciaban las molestias de los clientes y que tenían una residualidad tan alta que hasta años después se podía percibir su presencia debajo de muebles. Esto ya no sucede así.

Los productos actuales más usados y recomendados como Alfa Cipermetrina o Imidacloprid viene en suspensión los cuales ya no manchan paredes ni dejan un olor residual sin embargo su tiempo de residualidad se reduce drásticamente, según el fabricante entre 21 a 30 días. Pero, ¿es esto una desventaja?

 

¿Por qué un tratamiento con menos residualidad es mejor?

 

Pongamos en perspectiva que la vida es recalcitrante y siempre encuentra una forma de adaptarse a los ambientes hostiles, tomen de ejemplo a los peces que viven a miles de metros bajo el agua, el osos de agua que puede aguantar el vacío del espacio o el humano que vivien prácticamente en todos los ambientes terrestres del planeta.

 

Esto quiere decir que estadísticamente puede existir un individuo de la plaga existente, sobre todo artrópodos, que sea resistente a el plaguicida que se aplique. También si el plaguicida dura más tiempo activo, los organismos considerados como plaga se pueden adaptar a la presencia de este, como los animales radioactivos de Chernobyl.

 

En conclusión una residualidad corta y suficiente evita la adaptación a través del tiempo de las plagas y también previene los daños a la salud a largo plazo de las personas que habitan o trabajan en el inmueble tratado.